Creo que en estas edades las preguntas se suceden una y otra vez, rondan a las personas y luego cambian hacia la siguiente, haciendonos pasar a todos por la misma angustia. Ahora mismo no siento ninguna en realidad.
Soplaba aire y hacía frío, pero ella era una dama de hielo y no lo sentía. O había dejado de sentirlo, quien sabe. El agua estaba helada, el lago era una pista de patinaje. Los árboles, hermosas esculturas de hielo derretido y vuelto a congelar formaba grotescas formas, brillaban bajo la luz de la luna como si tuvieran soles dentro y las hacían refulgir. Diamantes, platino, zafiros... Colores fríos, como ella. El aire soplaba a veces y jamás encontraba obstáculo alguno en el que detenerse. Ella lucía vestidos de ensueño, corsets negros que ocultaban sus formas y creaban otras nuevas, faldas voluminosas de colores como el turquesa y el blanco. Su pelo, negro y de media melena jamás se levantaba ni alzaba con el viento, porque el viento la rodeaba y no osaba tocarla. Lo único que podría hacerla sentir, aunque fuese molestia, la pasaba por alto. Y eso la dolía, pero no tenía lagrimas y tampoco quería derramarlas. No las sentía como parte de su ser aunque a veces la habían traicionado. Ocasiones contadas ya olvidadas en la inmensidad del tiempo. ¿Y qué hacer? Paseaba sin rumbo, sola, con la compañía y el "calor" de la Luna, buscando algo que la despertase de su eterno, bello y único reino blanco o por lo menos, que rompiese con la capa de hielo que se había instalado en el lago. Aunque, a pesar de eso, también la destruyese a ella. Se miró entonces en el reflejo helado y se vió como no era. Entonces quiso creer que no era así, pero no tenía ganas de vencer a sus sentidos. Se quedó allí, arrodillada, extendiendo la mano a su pobre reflejo y tocando sus rasgos, creyendo que tocaba los suyos propios y se extrañó de no sentir nada. Y, furiosa, golpeó la superficie de frío, astillandola. Ocurrió que apareció algo nuevo en aquel mundo cromaticamente claro. El color rojo, y el dolor. Y no le importó, le gustó. ¿Existía algo más que el dolor y la monotonía? Por lo menos, sintió algo diferente. Electrizante. Rojo... Se tintó los labios con aquel nuevo descubrimiento en su vida, y aunque la mano no dejaba de manar cosa escarlata, se sintió contenta al verse diferente. ¿Verse? Sentirse, ya no podía verse.
Mi vida sin saltos, mi vida sin distracciones. Quizá esté bien así, con pequeños destellos, sin grandes luces. O quizá no... ¿Qué es lo que busco? ¿Qué es lo que espero?
No tengo a nadie a quien querer, tampoco me importa. Tengo a personas a quien querer, que me calientan los suficiente como para no dejar que me pierda.
Las cosas desde entonces son diferentes. Ya no amo. Ahora odio.
¿Y sabes qué? Me siento bien, libre, yo, diferente. Siento que puedo volar, me siento orgullosa de haber escapado de tí, aunque a veces añore. No lo cambiaría por nada.
Soy capaz de dar, de dar a quien quiera recibir, pero he de advertir algo: Si tomas, te comprometes. Quizá no ahora, pero a la larga me volveré insoportable, pediré, complicaré, seré arrogante, seré dulce... ¿Que más crees que puedo llegar a ser?
Seré fría y fuego.
Fuego.
¿Por qué piensas que hablo de hielo siendo fuego?
Ah...
Y me inventé un cuento.
Un día me preguntaron cómo era mi vida, y no fui capaz de responder.
Entonces, me inventé un cuento.
[ Distorsión de la realidad ]
El tic tac del reloj de nuevo. Otro cambio de peso, ahora sobre el pie derecho. Quería desplomarse, pero se obligaba a permanecer de pie. Las cadenas de la falda le revoloteaban entre las piernas, a causa del viento frío y silbante que acontecía. Golpeaban en los muslos, luego se quedaban inmóviles para volver a alzarse un poco después. La hora, los minutos se acercaban inexorables. La pérdida de concentración. No recordaría nada de esos momentos fébriles y mareantes. Nada, solo la sensación de apremio. La seguridad en sí misma no la había abandonado, ni mucho menos pero estaba adormecida esperando el pensamiento adecuado para despertar. Pero no llegaba.
Lo que sí llegó fue el tren. Con ruido, con estridencia, con movimiento. Se acercó y frenó. Paró. Y las puertas se abrieron... entonces se olvidó de todo, de sí misma incluso. Le buscaba a él, buscaba un caminar desafiante, mirando hacia delante, buscando también cruzar la mirada con ela de ella. Verse, sorprenderse y correr sin pensar en nada más. Cuando lo encontró, la carrera fué inevitable. Aquellos ojos oscuros la llamaban de una forma que no hubiera podido ignorar. Pudo ver muchas cosas en ellos, pero decidió dejarlo para más tarde. Corrió, corrió sin perjuicios y sin temores. Chocó contra él y quizá le hubiera hecho perder el equilibrio si no le hubiera abrazado. La reacción por su parte fué algo vacilante, poco acostumbrado al contacto físico, aquel choque tuvo que asimilarlo despacio. Cuando lo hubo hecho, sus brazos se elevaron lentamente y rodearon el cuerpo de ella, estrechándolo contra sí, cerrando los ojos y sintiendola cerca, a su lado, real. Viva.
Por su parte, ella encontró en las formas de él, el lugar donde acoplarse, como si estuviera hecho para ella. Cuando sintió sus brazos en la espalda, se estremeció. Se sentía completa, todo su alrededor había desaparecido. En aquel instante, en el cosmos solamente existian ellos dos. Como una isla flotando en mitad del Pacífico y no tenía ningunas ganas de salir de allí. Por fín le tenía cerca, por fín era real. Una de las manos recorrió el contorno de él, hasta alcanzar el cuello, entonces se puso de puntillas y recurriendo al poco autocontrol que pudiera quedarle, se esforzó en darle la bienvenida. Aunque lo que surgió fuera apenas un murmullo, un susurro.
—Hola, chico malo.
algo que no sabes.
Algo que no vas a saber
que no quiero que sepas.
Quisiera decirte que no sé que pasa
que me estoy volviendo loca
por escuchar una palabra más.
Por sentir que estás aqui.
Quisiera decirte que esto es una tonteria
que no te quiero ni lo espero.
Que te echo de menos,
cuando no escucho tus latidos.
Es como intentar encontrar un camino en la encrucijada de El Gato Risón, en Wonderland, en El País de las Maravillas. Hay miles de caminos y por desgracia, solo siento que se ríen de mí.
-¿Sabes?, ahora estoy aquí pero un día estaré al otro lado de este bosque y seré yo quien me ría de tí- respondo, con mi voz mezclada con un innegable orgullo y matices de altivez.
-Puedes intentarlo, te estaré esperando al otro lado- y tras esto, suelta su habitual y, bajo mi opinión, muy estremecedora carcajada felina.
Si supiera que el bello de la nuca se me eriza cada vez que le veo sonreír, se reiría aún más y eso terminaría por volverme loca. Esa voz penetra en mis oídos y me hace tener ganas de gritar, pero siempre callo y le miro de reojo con mi cuerpo a un paso de echar a correr por cualquiera de los miles de caminos y flechas de neones que hay.
Cualquiera es bueno en este momento, claro que más tarde posiblemente me arrepienta. Asique voy a optar por enfrentar a este "Mal de Muerte" y mirar directamente a los ojos amarillos del gato. Ufff... que frío. Creo que voy a hacer un pacto con la Reina de Corazones. Ella es más simple y tiene mi misma alma oscura, bueno, la suya es un pelín más oscura y me hace reir. No es gorda como la pintan, muy al contrario podría pasar por una Diva pero la envidia es malsana y los rumores llegan a ser muy crueles. La pobre Reina de Corazones está cabreada y me va a ser fácil llegar hasta ella.
-Hasta luego, Risón.
-Terminarás volviendo aqui, jovencita.
-Ya. No me esperes despierto.
-... Todos terminais volviendo, todos esperais encontrar bondad en el fondo de vuestra alma. Encontrar bien y por eso volveis aqui. Este será tu pequeño purgatorio personal, "alma errante y oscura"- Me contesta sin yo pedirlo, sin querer escucharlo siquiera con rentintín en sus últimas palabras. Así es como yo describo mi parte inmortal y el dichoso gato lo sabe. Lo sabe todo, y es lo que más me molesta. También me molesta que sepa que busco una luz de bien en mi interior y que no la encuentro. Definitivamente, me voy a buscar a mi Reina. ¡Reina, espérame, juego contigo al criquet!
He... ¿he dicho que hace frío?
y la tierra ignora...
No puedo mirar
sin querer llorar.
Pero no soy humano
y mis lágrimas de sangre
solo queman mi carne
y me dicen:
"¡Oh vamos, que estúpido!"
Ella...
La noche había caido hacía rato, y ella estaba sola en su habitación. Había roto algo preciado y su castigo no tardaría en alcanzarla. En caer sobre ella, como un manto pesado que la privase de oxígeno. Y en efecto, la puerta se abrió y la persona que entró por la puerta no dijo nada. Sencillamente, se acercó a las ventanas y bajó las persianas, sumiendo la habitación en oscuridad total.
Un leve sollozo comenzó a resonar en sus oidos, y miró a la pequeña que descansaba sobre la cama.
-No llores- le espetó.
Pero ella no podía parar, no en vano, aquella situación le producía pánico, pavor. En breves el silencio, la soledad la acogerian en su seno y la luz se apagaría... quizá para siempre... quizá no volviese a verla.
Y la persona salió de la pequeña habitación, dejandola sola una vez más.
Las sombras se colaban por los poros de su piel, alcanzando su corazón y oscureciéndolo. Empezó a temblar, y se levantó de la cama, ciega. Puso los desnudos pies en el suelo y quiso gritar pero posiblemente la castigasen más asique decidió callar.
No veía nada, no había nada que ver.
Sus pensamientos se agolpaban, mezclándose y formándose una única súplica: ¡Mamá!
Pero nadie acudía a socorrerla y empezaba a costarle respirar. Sus miedos tomaban forma y la atacaban desde todos los flancos posibles.
Entonces no pudo soportarlo más. Alzó las persianas y abrió la ventana. Se asomó a ella y gritó con todas sus fuerzas, mientras las lágrimas caían por sus mejillas, enrojeciendolas.
-¡¡PAPA!!
Y él se giró. La perra ladró... y pudo ver rabia, enfado en la mirada de él; cariño y comprensión en la de ella.
Se volvió, e inició la vuelta a casa.
La niña se retiró temblando de la ventana, a sabiendas de que habia vuelto a cometer otro error. Otro error fatal. Se sentó recta en la cama e intentó no llorar.
La puerta no tardó en abrirse, tanto la de su casa como la de su habitación. Él entró y la pequeña sitió un dolor ardiente en las mejillas, un impulso, y se encontró con la mejilla apoyada en la almohada.
Luego las persianas volvieron a bajarse. La oscuridad a tomar forma, y la persona a salir.
Otra vez estaba sola. Otra vez tenía miedo.
Pero no sería la última.
nos hace fuerte en el presente;
e invencibles en el fururo..
Pero hay miedos,
que siguen estando
bajo otras formas
y otros momentos.
Filed Under (Voces) by Rhea on viernes, 26 de septiembre de 2008
Akane...
No oye absolutamente nada, a pesar de que tiene los cinco sentidos puestos a su alrededor. Sin embargo, la fuerza arrolladora de sus pensamientos hace que cualquier otro estímulo quede sepultado bajo la intensidad del momento.
A su alrededor, ve como caen los pilares que sostienen su mundo. Su mundo, su ciudad, incluso a ella misma. El polvo se arremolina entre sus pies, alzando sus brazos para alcanzar su rostro. Pero ella cierra los ojos y se prepara para correr. Ya nada la ata a aquel lugar. Su cadena se ha roto, y con ella, las esperanzas de un futuro. Ya no queda nada para ella; ni siquiera puede esperar dolor. La oscuridad la ha pasado por alto y corre a buscar otras presas. Sus enemigos la han despreciado y han decidido que su vida no valía nada; ni siquiera acabar con ella. Sus aliados nunca lo fueron y ella está sola. No tiene lugar al que acudir y tampoco persona a la que recurrir. Sabe que puede viajar pero, desgraciadamente, no la aceptan en ningún otro lugar. Fue expulsada del paraíso y también del infierno. El mundo no la acoge y sus posibilidades escasean.
Alza la mirada al cielo y ve a la Luna. Ella la llama. Cree saber que su alma está allá arriba, lejos de la mirada de cualquier mortal. Asolada por un eterno viento inexistente. Guardada por un ser que nunca existió.
Puede refugiarse en el mundo de los sueños pero, desgraciadamente, ese don se le ha sido arrebatado. No puede dormir, no puede soñar. No descansa, no le hace falta. Su corazón está dejando de latir, segundo a segundo. Momento a momento.
Sus pies corren, dejando tras ellos unas huellas inútiles. Nadie va a seguirlas, porque nadie quiere saber de la existencia de Akane. Si la preguntasen, no sabría qué responder, tan solo... Sálvame.
Pero la salvación está reservada a aquellos que han sucumbido alguna vez. A la perfección se la tienen vedada.
Cae, Akane ha tropezado. Sus propias piernas han dejado de responderle. Araña el suelo con rabia contenida, sacrificando las lágrimas que le quedaban, en aquel momento impreciso. El pelo azulado le tapa la cara en un momento dado, impidiéndole la visión. No se movió, no podía acudir a ningún lugar. Sabe ciertamente, que no tiene un final; como tampoco tuvo un principio. Su existencia es una mera ilusión, creada por algún alquimista sin corazón. Y ahora ya nadie la ve, porque empieza a extinguirse. Sus manos adquieren un tono semitransparente. Se va, se va y no ha logrado encontrar a quien proteger, a quien amar. Se va y sabe que no ha servido de nada.
De pronto alza la vista. Alguien la está mirando. Es un pequeño gato, sentado en mitad de la multitud ensordecedora. Todo a su alrededor es Caos. La gente corre, la gente grita. El mundo está en silencio, pero todo cae. Y el gato está allí, mirándola. Se arrastra, arañándose las piernas, las manos. Los muslos empiezan a quedársele en carne viva. Pero no siente dolor porque un gato la está mirando. Sonríe. ¿Alguien se da cuenta de su existencia? ¿Por fin alguien ha logrado reparar en ella? Cuando llega a la altura del gato, éste se acerca. Le roza la mano con el morro. Está húmedo. Es real. Nota como unas lágrimas acuden a sus ojos pero no ruedan por sus mejillas, contra todo pronóstico se alzan al cielo. Alza la cabeza. El cielo se ha abierto, un oscuro vórtice está absorbiéndolo todo. Las rocas se alzan, las personas siguen corriendo. Buscan el Edén, un lugar donde estar a salvo. Un lugar seguro entre la destrucción. Quizá la destrucción en sí misma sea un lugar seguro piensa Akane. Ella no se hace daño, nada la toca. Solamente siente el dolor físico que se ha hecho reptando hacia el gato. Se incorpora lentamente, apartando la vista del cielo que ya no es cielo. El gato sigue mirándola. Se para a mirar los detalles. Es de color perla, tan suave y peludo... Alarga la mano con intención de tocarlo, y el gato se adelanta para dejarla hacer. Sonríe, está dichosa. Agarra al pequeño animal entre sus brazos, pero de pronto ve lo traspasa. Ya no puede tocarlo. Se está desvaneciendo.
El gato la mira de una forma que parece no comprender, pero ella sabe que él entiende qué está ocurriendo y la está hablando pero, desgraciadamente, poco a poco sus sentidos están dejando de funcionar. El gato mismo se está volviendo borroso.
—Oh, no...— Dice, apenas con un hilo de voz.
La gente a su alrededor ha desaparecido. Se nota volando, no huele nada. Solo escucha... Un mundo de tinieblas la rodea. El gato está allí, entre la oscuridad infinita. De pronto, un haz de luz la ilumina, cegándola. Levanta el brazo para cubrirse y se asombra al comprobar que en aquel lugar tiene un cuerpo material.
Se levanta. Está desnuda. Su cuerpo tiembla, pero no de frío. El gato ya no es un gato, ahora es una espada. Se acerca, tambaleándose. Parece que se ha olvidado de andar pero en realidad está confundida. Agarra el pomo de la espada. Está tibio... La alza. Acaricia su filo. Es tan brillante... La hoja es azul, tan azul como su cabello. El pomo es plateado, pero no tiene una forma definida. De hecho, parece que cambia, que no permanece... La hoja es larga y ella sonríe. ¿Que puede hacer en un lugar sombrío, sin nada ni nadie? Ah, aquel era su mundo. Acababa de materializarse. Pero ahora tenía algo. Tenía una espada.
Prueba, intenta segar su vida, pero no puede. La hoja pasa limpiamente a través de su cuerpo, pero no toca ningún órgano vital. Simplemente la ha traspasado... como tantas otras veces...
Mira a su alrededor y comienza a andar. Se abraza a sí misma, esperando el paso de la Eternidad.
Y allí descansó para siempre la Dama Invisible, la Maga Oscura y la Mujer Inmortal... Alejada de todo y todos. Porque ella era nada y lo era todo.
Filed Under (Sueños) by Rhea on sábado, 13 de septiembre de 2008
El clangarconte, al ver que a su alrededor no quedaban más enemigos, voló hacia el mago de proa y con su trompeta lo lanzó volando por la borda, a tal distancia que no sabíais si seguía vivo o no, pero estabais seguros de que no iba a volver. Helaine se movió con agilidad para salir de entre sus rivales, pues sus fuerzas empezaban a decaer peligrosamente, asi que rodó sobre sí misma y lo consiguió, pero dejó atrás un mechón de pelo cortado por el guerrero de la pesada armadura, que flotó unos segundos en el viento antes de que los cabellos se separaran. Mientras tanto, el guerrero que había quedado solo tras que la pícara saliera corriendo decidió que era buen momento para capturar a otro, así que salió corriendo hacia proa y con una tremenda carga se echó al hombro al inmóvil clérigo y bajó por las escaleras opuestas hacia la puerta por la que había desaparecido el explorador, pero se dio cuenta demasiado tarde de que Mike estaba delante de la puerta y el tremendo puño del constructo le derribó dejándole inconsciente, cayendo el Baruc aún inmóvil a mitad de camino entre ambos. El guerrero del que acababa de escapar Helaine intentó perseguirla, pero la mano del mayor de los magos le detuvo, creó una especie de portal y los tres desaparecieron por él, cerrándose segundos después.
Aitrus siguió su camino por el exterior del barco, ajeno a todo lo que sucedía dentro de éste. Los dos magos situados en estribor apuntaron con sus varitas a la pelirroja, pero no consiguieron inmovilizarla.
Mike salió a toda prisa hacia delante, aplastando con su enorme mano al mago contra el mástil de la vela. Baruc seguía tumbado de costado mientras el mago de estribor, más joven y seguramente inexperto, lanzaba un proyectil mágico contra el constructo, siendo absorbido y para desgracia del mago devuelto, quedando este arrodillado sobre la cubierta a causa del conjuro. Esta situación la aprovechó Korhan para abalanzarse sobre él y con su montante rebanarle la cabeza, que rodó hacia un lado, cayendo el cuerpo inerte y empezando a llenar las tablas de sangre. El clangarconte miró a su alrededor desde proa y sobrevolando al paladín y golpeando con el espadón en el que había convertido su trompeta al joven mago que había apuntado con su varita a la pícara, para después girar sobre sí mismo y golpear al que se encontraba al otro lado.
Ambos recibieron dos profundos cortes en el pecho y cayeron al suelo. El clérigo recuperaba la movilidad, al igual que el bardo, que subía a la cubierta en el momento en el que el arconte acababa con la vida del último de los marineros y desaparecía en un nuevo estallido de humo y plumas.
Filed Under (Voces) by Rhea on domingo, 31 de agosto de 2008
Negro me mira, triunfante, mientras esboza una sonrisa torcida y mareante.
"Parece que sólo quedamos tu y yo" Dice, mientras se acerca insinuante.
Yo le miro, claramente molesta y me aparto de él, pero no abandona su insistencia, y me sigue allá por donde voy. Corro, en el tiempo sin lugar ni lugar sin tiempo en el que me encuentro. Mis pies resuenan en el abismo vacío, sintiéndome perseguida por miles de fantasmas personales, decido parar en seco, agacharme, refugiarme en mi interior.
El suave balanceo que noto me estremece, pero me relaja. Mientras, murmuro sin cesar, palabras incoherentes.
"Aléjate, noche, tiempo, idas, venidas, llanto, ¡Vete!, rosa, fuego, paz, tortura, ¡¡VETE!!"
Entonces, advierto de unos brazos que me rodean. No puedo evitar dar un respingo asustado, y abrazarme más a mí misma.
"Oh, vamos, no llores... ahora nos tenemos los dos, el uno al otro". Se ríe, me zarandea, me abraza. Parece feliz. Juraría que es feliz... si no supiera que quien realmente és, es Odio.
"Negro, sé quien eres".
"Me alegro, no tendré que fingir más"
Intento levantarme, mirarle. Me molesta su risa, me crispa su mera presencia. Mi mano sale despedida, como su rostro, meta final. No impacta, una mano invisible la ha parado. No, no es invisible... es su mano. Rápida como el pensamiento, quien me ha apresado. De pronto, noto que me golpea. Caigo al suelo pero trato de incorporarme de nuevo, me és imposible. Odio vuelve a golpearme, y un fino hilillo de sangre sale por la comisura de mis labios mientras el pelo se eleva hacia un inexistente cielo. El golpe hace que mi cuerpo vuelva a elevarse, y caiga de nuevo sobre el frío suelo. Mi mente ha dejado mi cuerpo, y lo vé todo desde una perspectiva que no logro entender. Me veo a mí misma, golpeada una y otra vez, mientras no hago nada por remediarlo.
Negro se cansa, y me deja tranquila.
"Vamos, no es ni la ínfima parte de lo que te mereces"
"Lo sé" parece contestar mi cuerpo sin voz "Por eso no trato de evitarlo"
"¿Vas a dejar que te mate?"
"No"
"¿Entonces? ¡Resístete!"
"Me llegará el momento de luchar contra tí, cuando encuentre motivos por los que hacerlo"
"¿Te basta saber que Blanco volverá si lo haces?"
"No me mientas, estúpido"
"Yo solo quiero dañarte, y la mejor forma de hacerlo, es haciendo que te ilusiones. Así el golpe será más fuerte, más certero"
"Terminaré venciéndote"
Me tiende una mano, y yo, sin saber por qué, me siento arrastrada de nuevo a la cárcel de un cuerpo dolorido. Alzo la mía, con intención de cogerla. El tacto es aún más frío, aún más doloroso. Me aprieta la palma, y me vuelve a empujar, mientras se rie irónicamente.
"Haces bien en confiar en mí"
"No confío en tí, confío en mí"
Murmuro, mientras me preparo para el nuevo asalto.
vencer al odio, mi meta.
El dolor es mi montura,
soportarlo mi proeza.
